Buenos días, me alegro muchísimo poder darte aquí esta información.

Soy María, María la Bella, María la Dulce, María la Madre y vengo a vosotros para Reencontrarnos.

Con mis cualidades de Madre Divina difícilmente aprendidas durante mi encarnación como María, madre de Jeshua. Cuanta alegría y cuantos dolores durante esa vida… Pero supe entender todos los desafíos de esa vida. Super entender todos los desafíos de mi alma y de mi plan de encarnación para poder sobrepasar mis miedos más profundos y sentir una fe total en Dios, nuestro Padre.

No fue fácil, yo era una mujer como tú, como vosotras. Había mucho amor en mí, mucha pureza en mi corazón y una fe incondicional. Mi alma ya estaba ¨bastante avanzada¨ (entender aquí que ya había vivido muchas encarnaciones, muy ricas, de varias encarnaciones. Lo suficiente para saber y sentir que en mi, que, en cada uno de nosotros, Dios está.

No sabía que llevaría el hijo divino de Dios, que sería su madre, que le llevaría para luego perderlo con su muerte hasta re encontrarle con su resurrección.

Lo supe más adelante cuando Gabriel vino a mí, no me conto todo, pero si, ya sabía gracias a los Magos que se podía leer un evento importante en las estrellas, en mis manos y en mis ojos. Me contaron también que llegaría la guerra, los viajes, y que, si no tenemos cuidado, los extranjeros me lo matarían.

Pero también gracias a toda esa experiencia, gracias a mi hijo querido, más adelante, iba a poder enseñar y ayudar en el trabajo de la fe y en el himno a la vida.

“¿Madre, cómo conseguiste todo esto?”

Busqué, busqué dentro de mí misma. Rezaba mucho. Tuve que atravesar muchas tormentas para realizar mi camino. Desde niña, veía, percibía muchos fenómenos que los demás no sentían. Cuando sobre los 16, Gabriel vino para anunciarme mi futuro embarazo, dudé, dudé mucho, de todo… ¿Cómo yo, Mariam, iba a poder con todo esto? ¿Qué tenía mejor que las demás? ¿Por qué yo?

Meditando, poco a poco, entendí que Dios me había confiado una misión y que tenía que honrarla sin cuestionar más.

Joseph llego en mi vida cuando tenía más o menos la misma edad. Mis padres, aunque lo toleraban, no me entendían, incluso se enojaban a veces… Mi fuerte carácter me ayudaba a esperar, a resistir a esa presión. Cuando llegó Joseph, le reconocí al momento, nos reconocimos. Nuestras almas estaban tan ligadas… Pues somos rayos gemelos.

Es un hombre maravilloso, con tanta quietud. Mucho más mayor, ya había estado casado y tenía 3 hijos. Me enamoré a la primera mirada, nos casamos. Fue una boda y una unión de amor. Pude hablar con él de todo… aceptó, supo entenderme.

He sido su mujer físicamente también, y la fecundación fue muy rápida; El primer día, la primera vez. Esa es la verdad. Una unión de amor, Amor Sagrado. Es Espíritu Santo entró en mí, y se hizo lo que se tenía que hacer. Yeshua ha sido nuestro hijo físico, en la materia, pero más que nada el hijo de Dios, más adelante pude dar más hijos a Joseph.

Cuento todo esto, aquí y ahora, para que las mujeres puedan tener algún ejemplo. Para que puedan entender, sentir y darse cuenta que el cuerpo es un Templo, que le tenemos que respetar y querer tal como es, siendo Mujer, somos la base del mundo. Cada mujer lleva en su matriz el mundo. Cada mujer permite al reino humano cumplir sus actos divinos, sus misiones de vida. Tenemos que empezar en querernos a nosotras mismas, a no ensuciarnos en cualquier sexualidad desviada de lo sagrado, sin respeto hacia nosotras mismas o hacia nuestras parejas.

Es importante, que intentemos alinear nuestro YO con nuestro SER. Si todas las mujeres empezaban a quererse, esforzarían a los hombres a quererlas. Podrían introducir en ellos con la fuerza del amor, el respeto hacia la mujer, el respeto sexual y la alegría de compartir un amor físico consentido y amoroso.

Y todo sería diferente.

La esencia de vida divina de cada una estaría protegida.

Hermana mía, honrándote a ti misma, honras también a la niña interior que llevas, a tu madre, a tu abuela, a tu hija, a tu nieta… pero también a tu padre, abuelo, hijo y nieto… Y así cambiarían los comportamientos, evolucionando hacia una consciencia colectiva más positiva, poniendo una semilla distinta en cada uno de nosotros, de generación en generación.

Si una hija ha visto ese amor proprio en los ojos de su mama, si ha visto a su padre cuidar y honrar a su madre se cuidará a sí misma y no aceptará otro trato de su marido, y podrá transmitir ese mismo modelo a sus hijos… sería una Transmutación de la mujer a la imagen de “Dios-Madre”.

Es gracias a la mujer que la próxima ascensión colectiva se podrá realizar. Es por ese motivo que, desde tanto tiempo, las religiones católicas, musulmanes… intentaron minimizar el papel de la mujer, para quitarle su poder creador.

Os queda tanto para amar… Pero empezáis con lo vuestro, vosotras mismas, vuestra casa, familia, lo invisible, el Sol, el viento, los pájaros que cantan….

Gracias a todos, soy María.

Os agradezco.