Recuerdo, recuerdo esos días mágicos… Éramos felices y no lo sabíamos. Caminando en nuestras pequeñas calles de Middin bajo el Sol. Siempre me acompañabas a buscar agua al pozo, fuera de las murallas… Teníamos que ir varias veces al día ya que tu padre, alfarero la necesitaba para el trabajo de la tierra en su taller. Te recuerdo, siempre corriendo, feliz, ligero, cantando… Unos pasos por delante mía. Siempre a mi lado, te gustaba poco jugar con los otros niños de tu edad… venias a buscar el agua, te quedabas sentado horas mirando a tu padre trabajar, te sentabas en el suelo conmigo para preparar el pan….

Y todo cambio, en pocas lunas… Ya no podíamos ir solos al mercado, teníamos que juntarnos con muchos hermanos, era peligroso salir más allá de la muralla para el agua…Cada pocos días entraban en la ciudad y nos amenazaban… Los negociantes nos visitaban cada vez menos, pues ellos también tenían miedo…

Tu padre ya llevaba varias semanas hablando con los otros hombres… todos querían acercarse a Yeshua… Yo también sentía esa llamada desde el corazón… Así que con varias familias decidimos irnos hacia él… Nos habían comentado que estaría por ahí durante unos días… Teníamos unos días de caminos… Una mañana muy pronto, carguemos las mulas con todo lo que pudimos llevarnos… Como todos los hermanos de Esania, teníamos pocas pertenencias… Lo mínimo para vivir… Unos cuantos utensilios de barro para cocinar, guardar el agua y comer, nuestras alfombras para sentarnos, dormir… Y poca ropa… Nos llevemos todas las mantas que teníamos… ya se acercaba Besanir y las noches se sentían frescas. De camino encontramos varias Bethsaïd y pudimos conocer a otros hermanos que caminan también hacia Bethleem para estar cerca de Yeshua.

Cuando le vi por primera vez, estaba dando su enseñanza, hijo mío, te aseguro que se llevó mi corazón, no de ese amor superficial, por supuesto que no, pero desde el alma, desde mi matriz… Sentí en él toda la fuerza y luz de Nuestro Padre, sentí como yo también estaba conectada a él y al Padre, como jamás lo sentí antes. Decidimos venir a Rabbi, desde un común acuerdo entre todos los hermanos… Íbamos con el de pueblo en pueblo, de ciudad en cuidad, huyendo de los romanos. Cada vez éramos más numerosos, muchos hermanos de Essania quisieron unirse también.

 

La última vez que le vi, fue en el Monte Gabriel, en Beethleem.

Su índice de la mano derecha apuntando hacia el cielo, su mirada buscaba el suelo. Escuchaba al viento, a los ángeles (pocos de nosotros podíamos verlos). Sabíamos que Yeshua podía sentir cada movimiento nuestro, podía escuchar cada pensamiento nuestro.

Myriam, su madre, se acercó a él y vi, y escuche como le suplico:

¨Hijo mío, eres mi Señor. Siento en el fondo de mi corazón que tu verbo es verdad, tengo fe en ti. Soy tu sirviente más fiel. Hijo mío, Señor nuestro, te suplico, llévame contigo para que no tenga que sufrir de tu ausencia.

 

¨Madre, tú que haré Reina, Tu que me permitiste llegar a ese mundo, Tu que quiero al infinito. Entiendo tu dolor, pero no puedo llevarte conmigo. Te tendrás que quedar aquí, a cumplir tu misión, no puedo llevarte de la vida. Tendrás que vivir tu propia muerte, la cual te permitirá volver como Reina. Madre, suéltame, desde ya, entiende que no soy tu hijo, entiendo que solamente estoy al servicio del Padre, de nuestro Padre. Conocerás la vida eternal en el reino del Padre, estaremos juntos, al igual que aquí.

 

Myriam de Magdala, su esposa se acercó a él.

“Rabbi, esposo mío, mi Señor, mándame y cumpliré”

¨¡Yo también!, ¡Yo también!”, todos dijimos. Unos cuantos se arrodillaron

Yeshoua en ese momento, entendí que las cosas se iban a acelerar.

Bajo la mano, el mentón, elevo la mirada et dijo:

¨En verdad, las primeras traiciones llegarán mañana”.

Se dio la vuelta, bajó del montículo y se alejó. Myriam de Magdala le siguió, se fueron caminando juntos… Es la última imagen que tengo de él.

 

De Myriam a Simón. Canalizado por Marie Celine.